Fue dicho y hecho: (el lunes)
- ¿vamos a hacer un viajecito?
- vale…
Buscamos algún alojamiento por la red y encontramos esta casita, ideal para 2 personas, en un pueblo de la sierra de Cádiz:
El martes, ya estábamos instalados en Benamahoma.
La mayor riqueza de esta pedanía de Grazalema, que forma parte de la ruta de los pueblos blancos y del parque natural, es sin duda su agua. Cuando te paseas por Benamahoma, ves agua por cualquier lado, o si no la llegas a ver pues la oyes. Es un agua cristalina, que viene directamente de la montaña y que la gente viene a buscar desde muchos kilómetros a la redonda. En este pueblo nace el río Majaceite.
La zona de Benamahoma tiene otros atractivos: gente muy acogedora, la famosa miel del pinsapar, buenos y premiados quesos de oveja y de cabra, su piscifactoría… y muchos senderos para “andar todo lo que quiera” como nos dijo un simpático benamahometano o “huertero”, que así se llaman los habitantes de este pueblo.
Una de las excursiones que hicimos fue al “Molino del Susto”, un molino harinero construido a principios del siglo XVII y que aprovechaba el agua del arroyo del Descansadero para moler el trigo transformándolo en harina.
El viaje de regreso a Jerez también fue muy agradable, teníamos tiempo de sobra así que visitamos Ubrique, con sus decenas y decenas de tiendas dedicadas a la venta de artículos de piel, y nos acercamos a la famosa dehesa del torero Jesulín de Ubrique “Ambiciones”. Por delante, tiene una pequeña plaza de toros y atrás y en alto se sitúa la vivienda.
Estas líneas resumen más o menos estas pequeñas vacaciones invernales … Enero, una fecha estupenda ya que todos los almendros se encontraban en plena floración… Os aconsejo que, si podéis, os acerquéis por ahí para verlos.




